Cuaderno de viaje

Tercer viaje, día 2

  Cinco de la mañana y el gallo sigue vivo. Toda la noche estuvo lloviendo y amanece todo encharcado. Es hora de continuar hacia Kichwa Tembo, nuestro destino. Desayunamos leche fresca de las vacas de Yegon, deliciosa, y comenzamos nuestra aventura en furgoneta por las carreteras de Kenia. El principio es bueno, nuestro conductor ya no asusta tanto a Gus y todo está en calma. La carretera asfaltada termina y continuamos por camino de tierra que con la lluvia es tierra mojada, muy mojada.
El trayecto es bastante movido por los surcos que el paso de los vehículos ha creado en el barro y la furgoneta se bambolea con gusto. Los caminos de Kenia siempre están llenos de gente que van y vienen y motos, muchísimas motos con personas llenas de bultos o solo personas pero no dos personas, no, hemos llegado a ver cinco en una moto y lo podréis comprobar.
Durante nuestro camino varios motoristas paran y comentan cosas con nuestro conductor. No pinta bien. Algo hay más adelante que no debe de ser bueno. Dennis nos informa de que un camión ha quedado atascado en medio de la carretera y no podremos pasar. “That’s a big problem”. Efectivamente un camión está atravesado en el barrizal y varios hombre intentan moverlo. ¿Y ahora qué? “Disculpen, tenemos que llegar a Maasai Mara porque llevamos la ilusión de mucha gente metida en estas maletas, nos dejarían pasar?” En vez de eso, nuestro conductor decide arriesgarse e intenta pasar al camión atascado por la derecha. Error. Nuestra furgoneta queda atascada también junto al camión. Y allí empieza el caos, unos hablando con otros, señalando la furgoneta, a nosotros, al camino… Mientras sucede esta conversación algo está pasando en nuestra furgo. Mara y Daniela no han querido bajar y a su alrededor, fuera del vehículo se ha formado un grupo que quieren ver a las niñas blancas.
Siguen las conversaciones y no sabemos qué se está decidiendo, el caso es que todos los que estaban ayudando al camión, empiezan a empujarnos a nosotros. Pero nada, sin éxito. De repente un tractor que ayudaba a otro camión atascado viene al rescate como la patrulla canina. Enganchan la cadena, cruzo dedos, tiran, salpica barro, tiran y sale. Salvados. Aplausos y propina para los ayudantes. Eso era lo que se negociaba en el corrillo. La propina que el hombre blanco les daría si le sacaban del barro. ¡No saben nada estos keniatas!
Continuamos el camino y la cosa no mejora. Los motoristas que nos cruzamos siguen dando malas noticias de lo que nos podemos encontrar y yo mientras alucino con la de niños que hay por los embarrados caminos y lo embarrados que están los niños.
Han pasado dos horas y media desde que salimos de Bomet en un viaje que nos dijeron que tardaríamos unas tres horas y no llevamos ni la mitad. Estamos atascados nuevamente en el barro. Sí, otra vez. Nuestro conductor lanzado ha creído que podríamos pasar una zona tremenda de barro pero no hemos podido. Como decía, aquí siempre hay personas por los caminos y de la nada ya tenemos a seis o siete hombres dispuestos a ayudar. Todos empujan y yo hago fotos a los niños. ¡Qué niños! Mirad bien las fotos porque se clavan en el alma.
Éxito nuevamente. La furgoneta ha salido y nosotros ya no estamos para más sobresaltos … o ¿tal vez sí? Pues casi nada. Después de quince minutos, un pequeño problema que nos hemos encontrado. Un problema pequeñito. Chiquitito. No hay puente, ya está. El puente se lo ha llevado la corriente. ¿Cómo? Pues eso, que no hay puente y que no podéis pasar. Este combo de colombianos-españoles-keniatas somos gente con recursos y no vamos a dejar que una crecida de un río nos impida llegar a destino. Llevamos mucho recorrido hasta llegar aquí y seguiremos sí o sí. Con puente o sin él.
Cargados con las maletas y equipos en las espaldas, el combo cruza el río donde esperaremos a que un coche del campamento venga a recogernos. Otros voluntarios, con propina, nos ayudan a pasar lo más pesado porque somos un combo pero tampoco para tanto. Sentados al otro lado del río esperamos a que alguien llegue a rescatarnos, son las tres de la tarde y salíamos de Bomet a las ocho. Estamos hambrientos pero tranquilos, sabemos que todo, al final, saldrá bien. Todo esto es para darle emoción a la aventura. Pero de emociones ya estamos servidos. Algo viene por la carretera y nos levantamos a ver qué es. La sorpresa que nos llevamos nos quita todo el cansancio. Pero esto ya lo contaré mañana porque ahora el cansancio me puede a mi y desde quién sabe donde, tendré que despedirme hasta mañana.

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