Cuaderno de viaje

Noviembre 2015: Día 7

Todavía no ha amanecido cuando subimos a nuestro jeep. Hoy es un día perfecto para disfrutar Maasai Mara desde el cielo. Nuestro globo está casi listo y nosotros esperamos ansiosos. Ahora sí, nos toca. Posiciones de despegue y allá vamos! Nuevamente cuando nos levantamos no estamos preparados para tanta belleza. No hay nubes en el cielo hoy y el viento sopla suave. La verde llanura salpicada de hermosos árboles nos saluda nuevamente. Una manada de búfalos corre asustada con el sonido del quemador. Todo es diferente desde aquí arriba. El globo vuela a unos cuatro metros del suelo y se eleva al acercarse a los grupos de árboles acariciando casi las hojas más altas. Llegamos a la zona del río, el río Mara. Tan hermoso como su nombre. Grupos de hipopótamos bañándose junto a los cocodrilos. Y más llanura, más cielo, más inmenso. Trato de aspirar todo el aire de Maasai Mara, no quiero olvidar este olor. El tiempo pasa rápido cuando tocas el cielo y es hora de aterrizar. Esta vez todo es perfecto y frenamos con suavidad. Wuau! Increíble. Irrepetible. Único. Nos abrazamos felices. Un coche nos recoge para llevarnos al lugar del desayuno. Al pie del monte Oloololo, junto a una acacia solitaria, nos espera lo que a día de hoy ha sido el mejor desayuno de mi vida. Qué lugar! Nos reciben con champán y brindamos por África. Charlamos con el piloto y absorbo cada detalle. Otro momento que no quiero olvidar. Dennis viene a buscarnos y eso nos entristece. Viene a llevarnos a la pista de aterrizaje donde hace sólo cinco días llegábamos sin África todavía en nuestros corazones. Dennis viene acompañado de Yegon, el encargado de alimentarnos estos días, otro negrito entrañable de gran corazón y amplia sonrisa. Las dos personas que más nos han cuidado estos días han venido a despedirse. Mientras avanzamos por última vez por los caminos de Mara reímos juntos y cantamos juntos, todo por última vez. Mi nudo en la garganta empieza pronto esta vez. Esperamos en la pista y nos damos los últimos datos para estar en contacto. Le decimos a Dennis que se venga a España a visitarnos, nosotros le invitamos, acepta feliz y nos hace una promesa. Nuestro Dennis tiene treinta y un años y tiene dos niños pequeños. Viven en un poblado un poco lejos de aquí y lleva dos meses sin verlos. Su casa está hecha a la manera maasai pero con techo de aluminio. No tiene electricidad, ni baño. Dennis tiene algunas vacas y muchos sueños. Quiere que sus hijos puedan estudiar para tener un futuro pero gana unos 250€ al mes. Llega nuestra avioneta y debemos irnos. Últimos abrazos y repetimos como unas mil veces thank you, thank you so much. Alejandro tiene preparado un regalo para su amigo Dennis. Una brújula que trajo desde España y que ha estado usando estos días con su amigo. «Mira Dennis el noroeste es en esa dirección, allí está España. Quédate mi brújula y cuando mires hacia allí te acuerdas un poco de nosotros.» Buff… El miedo a la avioneta está superado y todos subimos con los ojos aguados. Adiós Maasai Mara, adiós amigos. Pasamos el resto del día en Nairobi y visitamos el centro de alimentación de las jirafas donde con su larga lengua áspera comen la comida de manos de los turistas. Mis hijos felices. Ahora escribo desde el aeropuerto de Dubai, nuestro vuelo a Madrid está a punto de salir. Todo está dicho ya. El mejor viaje de nuestras vidas llega a su fin. Kenia seguirá para siempre con nosotros porque puedes dejar África pero África nunca te deja.
Gracias a todos los que nos habéis acompañado en esta aventura y gracias por vuestros comentarios.

2 comentarios en “Noviembre 2015: Día 7

  1. Que bonita labor !!! Mucha suerte, estamos seguros lograrán el objetivo de regalar muuuchas sonrisas en Kenia … tanto esfuerzo, dedicación y amor = éxito asegurado.
    Los estaremos siguiendo. Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *