Cuaderno de viaje

Noviembre 2015: Día 4

Dennis nos esperaba a las 6:45 para nuestro primer safari del día y sin desayunar. El reto del día era encontrar el guepardo, el rinoceronte y un león adulto, de los de la melena, un Mufasa vamos. Las mañanas son frías y con el aire del jeep tenemos que usar las mantas que nuestro ranger lleva preparadas. Los olores de África son diferentes. No se parecen a otros y por la mañana, tras haber llovido esta noche, la sabana despierta llena de actividad. Tras algo menos de una hora nuestro ranger se detiene y coge los prismáticos. Buena señal. Un animal está tumbado en la carretera cien metros más allá. Dennis ya sabe de qué animal se trata pero conserva el secreto. Ay Gus! Un joven león descansa tumbado en la carretera que a estas hora le resulta más cálida que la hierba. Pese a ser joven ya tiene melena y aunque un poco sucio es un animal espectacular. Le acompañan otro joven león y un adulto, un Mufasa, el rey león. Podríamos quedarnos mirando los leones horas pero las tripas nos piden clemencia. Arrancamos felices con nuestros leones y Dennis se adentra en la sabana campo a través y detiene su jeep junto a un hermoso árbol. «Este es el lugar de nuestro desayuno de hoy». Hay desayunos y Desayunos y éste en plena reserva natural Maasai Mara es un Desayuno con mayúscula. Seguimos nuestro camino y nos alejamos mucho del campamento. Entramos en una zona de hierbas altas donde suelen rondar los guepardos pero esta vez no hay suerte. Avanzamos sobre un terreno húmedo con pocos animales cuando algo llama la atención de Alejandro: «Dennis wait!!» Algo blanco y redondo asoma entre unas hierbas aplastadas. Un huevo de avestruz!! Ay mi niño la felicidad que le da su descubrimiento. El huevo pesa casi dos kilos y Alejandro lo tapa por si dentro aún tiene una cría. Ains… mi tierno niño. Continuamos. Llegamos a lo alto de una pequeña elevación desde donde vemos las tierras del Serengueti, en Tanzania. Belleza absoluta, inmensa. Una llanura verde salpicada con hermosos árboles y montones de animales en grupos disfrutando del buen momento que viven en esta estación de lluvias. Grupos de cebras, gacelas, topis, pumbas, disfrutan de su banquete sin miedo a los depredadores que rondan por otras zonas de pastos más altos. Contemplando esta belleza estamos cuando PLOFF!! Y eso?? Gus anuncia: «Hemos pinchado señores». Mira por donde voy a aprender a cambiar una rueda en Kenia. Muy atenta sigo todos los pasos y nuestros dos superhombres lo arreglan en menos de diez minutos. Ya? Buah qué fácil. Continuamos. Llegamos a la frontera con Tanzania y lo celebramos como otro gran reto. Un pie en Tanzania, el otro en Kenia. Nos quedamos en Kenia. Llevamos 6 horas de safari y es hora de volver. Camino al campamento Dennis se detiene y coge los prismáticos. Ay madre. Os juro que cada vez que lo hace encuentra algo imposible a nuestra vista. «Un grupo de guepardos descansan bajo ese árbol». Que qué? Allá vamos. No importa la hora. Hermosos es poco para describirlos. Estos gatos gigantes son tan bellos como intimidantes. Cinco ejemplares nada menos. Los miramos y remiramos un buen rato y volvemos al campamento cantándole hurras a nuestro Dennis. Por la tarde nos espera otro impacto para nuestros recuerdos. Visitamos una aldea Maasai y no sé cómo definir lo que sentimos. Casas hechas con excremento seco de vaca, oscuras, calientes y llenas de humo. Las gentes sonríen pero es una sonrisa que duele. Y los niños… buff. Cuando exponen sus artículos queremos comprarles todo pero sobre todo por hacerles felices. Duro para mis hijos. Alejandro les compra a las mujeres que le dan más pena. Yo a la más anciana. Nos vamos con la lluvia y un poco fríos por fuera y por dentro. Estamos a punto de vivir uno de los momentos más inolvidables de nuestro viaje. Pero eso será mañana.

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